La tendinitis del hombro se da cuando uno o más tendones del hombro se inflaman. Esto puede llegar a ser muy doloroso y puede limitar el movimiento, así como los gestos cotidianos realizados en el día a día, como coger un vaso de agua o ponerse una prenda de ropa. Suele darse en deportistas, personas con trabajos físicamente exigentes y aquellas con actividades que conllevan mantener una misma postura corporal durante horas.

El dolor se intensifica durante la noche y a primera hora de la mañana, así como en los momentos de reposo durante el día, justo antes de iniciar los movimientos que realiza el cuerpo durante la actividad y que rebajan la sintomatología dolorosa de la inflamación. Esto ocurre dada la naturaleza inflamatoria del dolor que, por otra parte, suele tener su origen en un gesto lesivo o repetitivo en particular. Es decir, el movimiento como tal no suele incrementar el dolor de un hombro con tendinitis, si bien un patrón de movimiento lesivo puede llevar a aumentar más el mecanismo de protección de la lesión y con ello alargar el proceso inflamatorio. Es por ello que, durante el tratamiento, se deben corregir estos patrones mecánicos erráticos.

 

FASE AGUDA Y SUB-AGUDA:

Desde la fisioterapia utilizamos diferentes métodos para revertir y acortar el proceso inflamatorio de la tendinitis del hombro. El reposo y la aplicación de hielo para reducir la inflamación forman parte de un tratamiento de una tendinitis en fase aguda. En esta fase el paciente puede padecer también de un aumento del tono de los tejidos musculares periféricos a la zona del tendón inflamado, por lo que antes de reeducar el patrón de movimiento, es preciso reducir toda sobrecarga. Procedemos con la prescripción de una pauta terapéutica de hielo, que se aplicará tres veces al día durante los momentos de reposo posteriores a la actividad, en la zona de más dolor y durante unos diez minutos.  Con esto conseguimos disminuir el riego sanguíneo de la zona inflamada durante un corto periodo de tiempo en el que también anulamos la sensación de dolor. El uso de diatermia profunda en el tejido nos ayudará a acelerar el proceso inflamatorio aumentando su regeneración celular y relajando los tejidos que rodean la lesión.

Una vez hemos rebajado la inflamación, utilizamos la movilidad pasiva para empezar a elongar las diferentes estructuras que se han visto inmovilizadas debido al dolor agudo y a activar aquellas que han quedado inmovilizadas. Si la fase en la que se encuentra la inflamación nos lo permite y el paciente ya no padece un dolor agudo o punzante al realizar la movilidad pasiva, podemos proceder a realizar ejercicios activos en la camilla con la ayuda del fisioterapeuta, combinados siempre con la movilidad pasiva y relajación de la musculatura.

Vale la pena también mencionar que, muchas veces, la zona cervical suele cursar con dolor y retracción de la articulación del hombro debido a la falta de movimiento. Es por ello que, en una tendinitis de hombro, consideramos importante el tratamiento de la zona cervical mediante estiramientos superficiales y técnicas de masaje.

Es usual que en una tendinitis de hombro exista un dolor localizado en la zona del músculo deltoides durante la palpación y el movimiento, ya que el deltoides sufre una gran sobrecarga debido a la limitación e inflamación de la musculatura estabilizadora profunda. La inflamación en uno o varios tendones del Manguito Rotador (formado por el Redondo Menor, Infraespinoso, Supraespinoso y Subescapular) suele ser el origen de la tendinitis de hombro. Estos músculos, de estructura muy adyacente a la zona articular, son los encargados de realizar los movimientos rotatorios del hombro, que a su vez suelen ser los más limitados por la patología. Estos movimientos se recuperan a medida que vamos reduciendo la inflamación y modulando la sinergia del movimiento a través del ejercicio terapéutico.

En esta fase, podemos también enseñarle al paciente ejercicios posturales de activación escapular y cervical, para que pueda realizar en su casa sin dolor. De esta manera, conservamos la mejoría que idealmente hemos obtenido durante el tratamiento.

EJERCICIO TERAPÉUTICO

Una vez el paciente ya no está en la fase aguda y el dolor ha disminuido considerablemente, empezamos a realizar un trabajo activo mediante palancas cortas y activación de distintos grupos musculares.  Se realizan ejercicios con bandas elásticas, ya que con ellas podemos regular la tracción que el paciente puede realizar sin dolor y sin modificar la postura corporal.

Los ejercicios isométricos de rotación son los iniciales en el proceso de tonificación y sirven para estabilizar el hombro en un plano neutro. Estos se pueden combinar con ejercicios simples de retracción escapular usando banda elástica, todo ello con el codo del brazo afectado pegado al tronco para no generar brazos de palanca largos.

Más adelante, si el paciente lo tolera, empezamos a realizar ejercicios concéntricos y excéntricos en el mismo plano. Se suele pedir al paciente que realice los ejercicios al menos cuatro veces a la semana, unas tres series de diez repeticiones por ejercicio.

Si no hay dolor y el paciente ha experimentado una mejora, empezamos a realizar ejercicios que combinan distintos parámetros de movimiento, como por ejemplo la diagonal de Kabat (flexión, rotación externa, extensión y rotación interna), movimientos de abducción y rotación externa con la ayuda de una pelota, o bien rotaciones realizadas en abducción de codo y banda elástica.

A todo ello le sumamos también ejercicios de activación de la musculatura que rodea el manguito rotador, como el pectoral y el dorsal ancho, que son importantes en la movilidad del hombro.

EJERCICIOS DE PROPIOCEPCIÓN

En la fase final del tratamiento de la tendinitis, es preciso incorporar ejercicios propioceptivos para activar fibras musculares que de otra forma no podemos estimular, y que aumentan la seguridad y calidad en el movimiento del hombro. Estos ejercicios se realizan con planos inestables, haciendo uso de, por ejemplo, una pelota o un disco con una base pequeña.

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